miércoles, 31 de julio de 2013
Menudos
por Silvia Jacobi
¿Cómo te explico que siento sucias estas palabras que escribo porque no son literatura si están separadas de la vida? Porque nunca serán las que no pude decir en el momento preciso en que eran necesarias y ahora me avergüenzo. ¿Qué soberana anti ley tan compenetrada en mi cabeza, y no sólo en la mía, nos inhibe de actuar, de comprometernos con esa realidad que de fantasma no tiene nada?
Hoy me para la cana a las 7 y pico de la mañana para que salga de testigo de un flaco al que se llevaban “por prender fuego en la calle” y al “que tuvieron que reducir por agraviar”.
Me acerco al flaco y le pregunto cómo se llama, si le puedo ayudar en algo, avisarle a alguien, qué le pasó, para que prendía fuego, si lo golpearon. Me contesta: Que se llama Guillermo. Que no tiene a nadie. Que para a veces en un refugio. Que prendía fuego para cocinar unos menudos. Que le pegaron.
Encaro al cana que me paró que me lee lo que escribió en el papel que quiere que firme. Sólo figuran los dos primeros argumentos. De lo que pregunté al flaco o sus respuestas todo se desconoce, no importa, ni figura. Le digo al cana lo que el muchacho me ha dicho. Que está dado vuelta y cagado de hambre. Llega en eso la ambulancia del SAME. El “médico” “lo ve” y sin preguntarle nada, pero nada, se da media vuelta y se pone a llenar una planilla. Le digo al cana (que “me dice que parece que tengo buen corazón” y que vuelve a insistir otra vez que firme) que el flaco necesita ir al hospital (estaba la ambulancia ahí) y le repito que está cagado de hambre. ¡No escucha nada, pero nada! Vuelve a insistir que si voy a salir de testigo de lo que (le remarco nuevamente) él escribió. Le digo que quiero su nombre (no están identificados) y el del médico de la ambulancia. Que no. No escucha nada, pero absolutamente nada, ni siquiera que le repito otra vez que NO (porque me ha vuelto a preguntar si voy a salir de testigo o no). Me detiene a mí también la impotencia. ¿Qué anti ley funciona en nuestras cabezas que nos inhibe en la acción de hacer cumplir la ley?
domingo, 7 de julio de 2013
La hija de puta soy yo
Por Silvia Jacobi
Para
Santi.
Ud. puede comenzar por hablar con ese niño a las tres
de la tarde que vuelve del jardín de infantes y espera paciente con un palo de
escoba entre las piernas que su madre termine las compras. No sea imbécil, no
estropee la conversación: si Ud. pregunta si es un caballo o una moto anímese a
aceptar escuchar la respuesta cuando le explica que es una vara de malabarista y
le muestra cómo usarla. Si le cede la oportunidad de hacer el intento y a pesar
de la maravillosa habilidad que cree demostrar él lo corrige, corríjase. Tal
vez así, y sólo entonces, él acepte su sugerencia de que el palo es una pelota
larga y atajarla con el pie y reenviársela casi derechito siguiendo las
paralelas de las baldosas de la vereda como Ud. propuso y no pudo. Tal vez así y entonces, pueda saciar su sed
cuando él le ofrezca mágicamente en su puñito cerrado algo del agua que le
quedó del acto escolar donde ofició de aguatero. Si a la mañana siguiente
reflexiona y no agradece que el niñito
haya optado por la moto o el caballo por
el ridículo mayor que le hubiese implicado en la vía pública es que entendió el concepto.
Si despierta, a la mañana siguiente de un día de
piedra y agonía como dice el poema, con los oídos bien abiertos y ha podido olvidarse de sí mismo, ese puede
ser el momento propicio para hacerle lugar a la escritura de ese texto tantas
veces postergado. Siéntese entonces en su sillón de terciopelo verde de
espaldas a la puerta. No tenga miedo.
Sea violento sin que le pese si es necesario con las
palabras que elija. La palabra mierda por ejemplo, suena bien si se la utiliza
en una metáfora como “mierda abstracta”, pero, por favor a sí mismo, no se
complique buscando sustitutos estéticos, al fin y al cabo, también hay gente
que le teme a las palabras largas y/o a los buzones.
Explique cómo
ve el mundo para decir lo que piensa y cómo. Para esto último, si ha tomado la
costumbre de usar casi siempre el mismo personaje medio loco y sarcástico en
sus relatos para no enloquecerse, no está mal poner en escena esa estructura de
pensamiento con un simulacro de monólogo interior en forma de diálogo donde no
se sabe quién habla. Sólo le bastará trascribir una conversación que le es
ajena de los extraños de la mesa de al lado en un bar o remitirse a la última
reunión entre amigos ya entrada la noche. Puede que de paso encuentre la respuesta para ese amigo psicoanalista que
insistentemente se pregunta de dónde vienen las voces, qué quién les da letra.
Ponga en aprietos al lector… ¡El lector! Ese farsante
que cree en la transparencia del entendimiento, de conocerse a sí mismo, fiel
Descartes postmoderno, iluso, tonto cómodo. ¿Qué le hace pensar que si le
describe una pipa le hará pensar en la condición humana?
¡Que yo no hago más que desalentarlo con este manual
de instrucciones! ¡Que debería callarme de una buena vez porque no hago sino
contribuir al voraz espanto que consume su capacidad de pensar y lo entrega al
abandono! Pero, no es mi culpa si Ud. ejercita sus neuronas pensando la mitad
del tiempo cómo funciona el universo y la otra mitad en cómo puede ser que esté
pensando en ello.
Quisiera tratarle más tiernamente pero no le voy a
consentir el consuelo en pensarse loco culpándome. Ud. me ha creado para
invocarme cuando le galopa un Quijote en la cabeza y reniega de mí ahora que
con las mejores intenciones le doy una mano que Ud. es incapaz de tomar.
Debería insultarle sí, callándome. Abandonarle a su suerte y sus miserias. Arránquese
los ojos como ya sabe quién así recupera una visión sesgada de ese mundo que
tanto le duele y tan poco conoce.
Si Ud. se desnuda hasta quedarse en carne viva a esta
altura se ha olvidado que es el frío, pero claro, pide a gritos palabras que lo
conforten y le arropen de su andrajosa existencia. Hágase cargo si ha decidido
creer en exceso en las palabras. Las palabras no son las cosas, pero no son sin
las cosas. Yo le advierto que a este paso, ya que a Ud. le place tanto el
recuerdo de los libros que ha leído, corre el riesgo de Dantés en la isla de
los muertos. Si quiere ahorrarse la eternidad suicídese y vuelva a formar parte
del ciclo de la vida. Quién sabe con suerte termine semejante a lo que ya es
pero con menos sufrimiento y sin conflictos: un vegetal.
Yo soy real. No soy su personaje. Soy real. Tan real
como el golpeteo de la vajilla en el departamento de junto donde esa criatura
imita a un gato insoportablemente o los mocos que caen por su nariz y asco me da
que no se suene. Soy real. No soy su conciencia murmurándole ni formo parte de
su diagnóstico. Ud. cree en mí. Soy real. Me basta la gente que tiene fe en la
fe como los agnósticos. Soy real.
Y después resulta que la hija de puta soy yo…
Mañana yo ya no estaré aquí. Libremente en la esquina
que Ud. elija para hablar explique cómo ve el mundo para decir lo que piensa y
como.
viernes, 28 de junio de 2013
Se trata de leer: analizar y escribir
"El Freud que ese año se revela ante Sartre anuncia su "idiota de la familia"; la neurosis y la creación son aliados, y lo son porque la neurosis es ya una creación, aunque privada, privada de sentido para su autor, porque está escrita en un lenguaje cuya clave no poseé (¿y cómo sería posible abrir una caja cuya llave está en el interior?)"
J.B. Pontalis en Prefacio del libro "Freud",
de Jean Paul Sartre, editorial Alianza tres, $30 en Avenida Corrientes.
Esta cita de Pontalis me parece que es una muestra de lo que un análisis se trata. La creación. La creación es una posible vía a la subversión subjetiva. Habló Freud de la novela neurótica y nos puso a pensar a varios sobre a qué se refería. Como señala Pontalís, el neurótico es el escritor de una novela que padece contar y que el mismo no cesa de escribir. Neuróticos nombró Freud a los personajes de su novela. La novela neurótica es la de Freud. Algunos lo supimos por Foucault, de la parreshía cómo práctica espiritual entre los griegos, donde ubica la genealogía del psicoanálisis. Una práctica que posibilita que un sujeto se relacione con su verdad. Cuánto me costó entender de qué se trata eso que decían de que "analizar no se trata de escuchar, sino de leer". Quienes nos analizamos sabemos que el encuentro con el inconsciente se produce cuando el sujeto comienza a leer, a decir, ups, mirá lo que estoy diciendo, a eso que decimos escuchó, lo que sucede es que uno lee. Y digo uno porque por mi práctica analítica se que soy uno entre tantos que les pasó. El análisis sorprende al sujeto. Hablamos en el día a día y nos estamos escuchando, qué dije, qué quiere decir, por qué, sabemos que eso acontece, los que se analizan y los que no, porque acá hasta los que nunca fueron al psicólogo te discuten de psicología. Y está bien que así sea.
Escribir también se trata de leer. Contar lo que a uno le pasó no es hacer literatura, hacer una obra de arte con lo que a uno le sucedió, sí. Al contar en acciones, sin andar describiendo, genera faltas y esas faltas las rellena el lector con su fantasía. Para mostrar una heladera vacía no es necesario escribir una heladera vacía, alcanza con mostrar que un personaje llega de visita a casa de otro que requiere cuidado, abre la heladera, dice ya vuelvo, va hasta el supermercado de la otra cuadra y vuelve cargados de bolsas que vacía y guarda en la heladera y la heladera vacía aparece. ¿No se trata de un relleno el fantasma? Lamentablemente despegan tanto fantasma de fantasía que no cuentan que la fantasía está hecha de la matriz del fantasma. En la fantasías el sujeto narra desde el mismo lugar. ¿Desde qué lugar? Como señaló Freud el sujeto novela, anda rellenando vacíos que los cuenta como faltas, sabemos que el fantasma vela la falta, le da un sentido, ese sentido que se muestra en la novela que el sujeto cuenta, y Pontalis nos dice que "privada de sentido para su autor, porque está escrita en un lenguaje cuya clave no poseé (¿y cómo sería posible abrir una caja cuya llave está en el interior?)". La llave es la lectura. La caja se abre cuando el sujeto comienza a leer. Cuando encuentra que novela, se detiene en lo que leyó, no en lo que escribió, diciendo "uy lo que escuché". Ahí lee, no escucha. No hagamos la diferencia entre escuchar y oír, porque es demasiado fina, pero escuchar y leer son dos acciones diferentes. No se trata de distintos sentidos, no se lee con los ojos. Leer lo escrito no es escribir distinto. Analizarse se trata de leerse, escribir también. Hablar es contar, novelar, pero es escribir una novela o un cuento es otra cosa. La poesía no se hace solo con palabras, se puede construir imágenes también con la música. Admiro a quienes pueden hacerlo sin palabras.
Según Freud, Pontalis, Lacan, el psicoanálisis, de lo que se trata es de abrir una caja con una llave que no está, la lectura abre, posibilita otro modo de ver las cosas. ¿Desde dónde el sujeto cuenta la novela? ¿Desde donde el personaje cuenta la novela? Cuando descubre desde donde cuenta, recién ahí puede comenzar a contar, porque lee, porque ya no escribe desde los ojos del que le pasó, sino desde el personaje, es decir, mientra escribimos tomamos distancia para poder ver la escena, qué hace, no qué dice.
Para escribir ficción hay que leerse, leer lo que uno escribe. No se trata sólo de leer. Hay que leer mucha literatura, yo que no he leído tanta, me doy cuenta que ahora lo preciso, para poder ver cómo otros autores construyen. Cómo hicieron para que pudiera ver la novela del otro en imágenes, construirme esa ficción en la cabeza. Hay que escribir, para leerse y en esa lectura encontrar lo que tenemos que escribir, cuál es la historia a contar, ahí se hace arte. La arcilla de un escritor es su escritura, de ahí la lectura de lo escrito aparece lo que hay que contar. Yo estoy en esa búsqueda. Para escribir hay que tener en claro eso de cada personaje. Respetarle la libertad a cada personaje. El ejercicio de la lectura que posibilita corrimientos subjetivos no es propia de los que se analizan. Pablo nos repite lo dicho por Abelardo Castillo "uno no corrige texto, corrige persona, se corrige". La escritura que busca crear ficción, es efecto de la lectura del escritor del lugar desde donde escribe, qué lugar ocupa en el discurso. El escritor que no cesa de leer encuentra su fantasma. Jean Allouch en su libro "Letra por letra" cuenta a través de la escritura Freud salió de la cocaína. ¿Freud no se psicoanalizó?
Un análisis se trata de leer, pero de una lectura que propicie una mayor libertad al sujeto. Los psicoanálisis de lo imaginario, te dejan en el mismo lugar haciendo otra cosa, hasta quizá sin padecimiento. Se trata de que un sujeto se interrogue sobre su lugar en el discurso, no de qué le pasa en ese lugar, sino la posibilitad de otro lugar desde donde existir, es decir, habitar el tiempo en algún espacio. En los psicoanálisis del sentido no hay lugar para el riesgo. El acto es sin garantías, el sujeto arriesga. El ejercicio de la parreshía, esa práctica de los griegos, en el que un sujeto a partir del diálogo con otro se relacionaba con su verdad, y pagaba por ello a otro que ya hubiera hecho ese ejercicio espiritual, tenía como condición el riesgo, no se trataba de decir cualquier cosa, sino de un decir en el que diga se arriesgue.
jueves, 27 de junio de 2013
Un engraje de letras
Hace unos meses fui con una de mis sobrinas al Museo PROHIBIDO NO TOCAR. A quienes no fueron, es muy divertido, le permite a los pibes jugar y saber por qué sucede lo que sucede. Cuando llegamos a la parte de armar tu propia polea, levantar un peso corriendo el punto de apoyo, le saqué una foto al cartel que explica el proceso de engranaje. Quienes me conocen, saben que engrano. Quienes más me conocen saben que descubrimientos de este tipo, ponen mis engranajes a funcionar, y me agarra una voragine de pensamiento que me pone a analizar lo que acabo de leer, el mecanismo pensado en términos de lugares, los lugares que hacen posible el movimiento, el engranaje, la falta, porque hay un lugar vacío donde puede apuntalar, es que el engranaje se pone en movimiento. Engrano en la falta del otro, no por la falta del otro.
¿Por qué los psicoanalistas para dar cuenta de la eficacia del psicoanálisis no cuentan sus propios análisis en vez del de sus analizantes? ¿Eso solo lo cuentan entre analistas? ¿No se puede dar cuenta de la eficacia del psicoanálisis con el análisis propio? Antes de escuchar el cuestionamiento al positivismo, no había criticado los historiales clínicos, publiqué hace cinco años un texto en una revista de psicoanálisis, que duró poco tiempo, y se llamó Letrafonía, en el que hacía referencia a una sesión para dar cuenta de mi eficacia y de la eficacia de Davoine en lo que decía en su libro. La lectura de literatura, el contacto con otras culturas, me permitieron saber que el psicoanálisis no es el único que le presta atención al poder de las palabras. Eso es algo que Davoine señala. Volviendo a las prácticas médicas, las presentaciones de enfermos siempre me parecieron obscenas. ¿Qué es esto de darle el gusto a los que tienen ganas de ver padecer?
¿Por qué para dar cuenta del posicionamiento de un sujeto en el discurso y su relación con el lenguaje, algunos dan cuenta de su propia práctica analítica? Para dar prueba, es el discurso de la ciencia. Si hay algunos que hasta para mostrar que todo no saben, publican historias en que la persona se va y abandona el dispositivo, y ellos te cuentan por qué lo hizo, qué fue lo que dijo para que ello sucediera, saben hasta lo que el otro no le dijo. Pero estos temas son difíciles de hablar entre los psicoanalistas, porque les cuesta tomar posición. En los espacios de los psicoanalistas impera el no. Cualquier estudiante de psicología sabe lo que un psicoanalista no puede hacer, puede escribir una lista larguísima de cosas. Cuando le preguntás a la mayoría de los psicoanalistas qué tienen que hacer, te contestan caso por caso. Y si le preguntás si aún en el caso por caso saben qué tiene que hacer, te contestan, depende, de si es una neurosis o una psicosis, una histérica o un neurótico obsesivo. Están convencidos que se trata de saber, de que se trata de saber algo. ¿El analista está ahí para saber? El que está ahí para saber es analizante.
Como la mayoría de la poblacíon, los psi leen poco. El gusto por la cosa rápida que señaló Lacan, parece que persiste. La escuela que sea y te contestan lo que les preguntes sobre el discurso capitalista y la dialéctica del amo y el esclavo. La mayoría lee a Lacan y no a Marx, en la facultad nos daban Kojeve y no Hegel. Algunos creen que la dialéctica se trata de un ida y vuelta, pero te citan el reverso, la subversión, la dialéctica del sujeto. ¿Dónde habita el sujeto? Contestan los lacanianos juntos: en el lenguaje. ¿En el lenguaje? ¿Dónde? El entre no es en. Uno es un ser del lenguaje, no lo digo porque seamos en el lenguaje, sino que somos seres del lenguaje porque somos de él, nos tiene atrapados. Creo que somos donde dejamos el lenguaje, ahí podemos tener esas experiencias de plenitud, donde la letra no corta, uno puede hacer uno, un todo. El sujeto no es dijo Lacan y lo comparto. El arte, como otras experiencias, posibilita hacer uno. La obra es una. Esos tiempos de éxtasis, de plenitud, de completud, que no se pueden nombrar, que no hay palabras. ¿Suceden dentro del lenguaje? ¿Es la obra una inscripción inacabada de ese tiempo? La obra de arte es un recorte del momento.
Estoy leyendo una biografía de una persona que dice haber habitado la locura. Recomiendo lean "Viaje a través de la locura", de M. Barnes y J.Berkle, ahora estoy con "Diario de un esquizofrenico", título de médicos que le pusieron al libro de Gregory Stefan "In search of sanity", en busca de la cordura. Fíjense ya cómo el que perdió la cordura es un enfermo, en este caso, esquizofrénico. En unas jornadas de salud mental, escuché a un compañero sobreviviente de un manicomio, así se nombró, decir que lo peor de la locura es que te dejaba detenido. Y me pregunto ¿Dónde? ¿Fuera del lenguaje? ¿Una existencia fuera del lenguaje? Una existencia fuera del lenguaje no podemos negar, porque si la palabra medio dice, hay algo que deja afuera, que no podemos suponer que porque está afuera no existe. Considero que la locura es una necesidad lógica del lenguaje. En tanto la palabra no puedo nombrar todo, algo queda por fuera del lenguaje. Y siguiendo a Wittgenstein, lo que no se puede decir se muestra. ¿Será por ello que los bebés señalan? Wittgenstein, que por si alguno no sabe, escribió su Tractutus Logico-Philosophicus en la trincheras de la primera guerra mundial, que escribía mientras caían las bombas, habitó la locura. Wittegenstein escribió que la herramienta del lenguaje se puede romper, con lo imposible de nombrar. Un imposible que no es inhibición, no es represión, sino que no hay palabra que pueda nombrarlo. Y aunque no se lo nombre, ahí está. Ocupa un lugar, así no sea en el lenguaje. Y esa presencia, aunque no se la nombre, está presente, se transmite, el criado con lo innombrable puede criar con ello. ¿La guerra es un conflicto familiar? Lo que después se muestra en las familias, es parte de una historia que excede la historia familiar. Estoy convencido que los índices de violencia intrafamiliar que tiene España son los efectos de la guerra civil española. El enemigo interno no fue ni el anarquismo, ni el troskismo, ni el stanilismo, fue el hermano, el primo, el padre, el tío, el abuelo, madres enterrando hijos matados por el vecino, por un primo, por su hermano, madres enterrando hijos matados por sus propios hijos. España de eso todavía no habló.
Comparto lo dicho por Davoine en su libro "La locura Wittgenstein", en el que novela su práctica introduciendo a Wittgenstein como un personaje con el que dialoga, en el que dice que "uno no elige la boca con la que grita su dolor". Que a veces el analista puede ponerle nombre a eso que al otro le es imposible de nombrar. Una obra de arte también puede hacerlo. Hace poco escuchamos a un ex combatiente de Malvinas llamar por teléfono a una radio porteña, para agradecerle al ex cantante de Los Piojos, por una canción sobre Malvinas que había hecho. Para Davoine en la práctica con sujetos que viven traumas o la locura, se trata de hacer un psicoanálisis al revés, el objetivo es la represión, para que una vez que se inscriba, esto quiere decir, que el sujeto pueda comenzar a hablar de lo que pasó, la maquinaria comienza a funcionar nuevamente, esa palabra, significante, esa letra que se inscribe funciona como un engranaje que pone otra vez el tiempo en movimiento. Una vez inscrito, no retorna por la ventana, porque adentro tiene un lugar. No es lo mismo un síntoma. Lo no inscrito simbólicamente no puede ser reprimido.
"Aquel día estaba completamente seguro de encontrarme, finalmente, frente a la posibilidad de contarlo TODO, de golpe, sin interrupción. Pero ¿Qué es TODO?; ¿qué fue TODO en aquellos dos meses de guerra? Y al fin de cuentas ¿qué puede hacer la palabra con TODO? : trazar límites, dejar fuera e incluir, conservar y perder, elegir, brillar a costa de infidelidades, callar cuando todo empieza, hablar cuando todo calla... Recuerdo a Barthés, que hace treinta años resumió tan hermosamente lo que tiene entre manos un escritor moderno si quiere reflejar la terrible diversidad de su mundo: "una lengua espléndida y muerta".(Daniel Terzano. 5000 Adioses a Puerto Argentino. pp.14-17 Ed. Galerna)"."
miércoles, 26 de junio de 2013
Sin vergüenza
A partir de un interesante intercambio que mantuve con compañeros que realizan la maestría en la Universidad Federal de Río Grande del Sur (UFRGS), fui a buscar para compartir con ellos, por si alguno no lo había leído, el texto de Allouch “Avergonzados”, en el que realiza una precisa crítica a Lacan por una presentación de enfermos y a todos los que objetivan y se dicen psicoanalistas. Allouch, dijo “según mi experiencia es felizmente rarísimo, entre los lacanianos, hacer de un analizante, cuando se habla de éste públicamente (sí, se lo hace ¿pero con qué beneficio? o ¿en provecho de quién?), el objeto de mofa o de burla general. Es, sin embargo, lo que aconteció en esa poca afortunada presentación de enfermos que evocaba más arriba”. Luego de leer eso recordé lo que sucedió en un evento que organizó la Ecole, la escuela de Allouch, con Guy Le Gaufey en una librería de la avenida Corrientes. Compartían mesa con el francés, distintos profesionales que se dedicaban a la investigación, con un discurso académico y cuando digo académico digo poco arriesgado. Bastante conserva. Y lo bastante conservadores de los que se dicen psicoanalistas se manifestó.
Eso que sucedió con el transexual al que se refiere Allouch,
que utilizó Lacan para su presentación de enfermos, sucedió con los pobres
marginales de la Argentina, en ese evento, se los puso en el mismo lugar, en el
de objeto de mufa. Uno de los expositores para defender su posición, diferenciándose
de una persona de derecha, comentó “¿Qué tengo que ir a una bailanta?”, lo que
provocó la risa de los psicoanalistas lacanianos adherentes a la Ecole de
Allouch. Disculpen que no recuerde precisamente la anécdota, lo importante es
que alguien dijo “tengo que ir a una bailanta” y los demás se rieron. Sucedió exactamente
lo mismo. Cuando finaliza la presentación, me acerqué a conversar con el
panelista que la Ecole había invitado y había hecho tamaño comentario, lo
interrogué sobre el lugar en el que estaba poniendo al otro, no lo hice en
público porque padezco el lugar en el que me ponen cuando hago ese tipo de
preguntas, y el joven militante por el respeto de la diferencia me respondió “yo
fui una vez a una bailanta y me dijeron tilingo por los anteojos”, unos
anteojos rectangulares de marco grueso y oscuro como los que uso yo, y ahí fue
cuando dije, y sí, es un tilingo. ¿Por qué tilingo? Porque solo los llamados
tilingos, sujetos de la clase media porteña solo dispuestos a relacionarse con
la injusticia en sus inquietudes intelectuales, usan la palabra tilingo.
Habiendo ido a bailantas, habiendo compartido mucho tiempo con personas que van
a bailantas, jamás escuché entre los sectores populares la palabra tilingo. No
le dirían tilingo, le dirían cheto, que es otra cosa.
Así como sabemos que se puede estar en un lugar de distintos modos, me pregunto si esos modos no aparecen cuando esos sujetos se posicionan en el lugar del analista. Otros que también se dicen psicoanalistas, con los que compartí instituciones psicoanalíticas, en todas las que estuve siempre hubo al menos uno, nombran a otros como “negros de mierda”. Ponen en ese lugar al otro. Entonces me pregunto. ¿Ponen en el lugar de analizante a un sujeto negro de mierda? ¿Ponen a un sujeto en el lugar de analizante? ¿Se ponen ellos en el lugar de analista? Los analistas que crean instituciones psicoanalíticas como canteras de analistas, de donde salgan verdaderos analistas, y putean por las que quieren cobrar la Asignación Universal por Hijo. ¿Cuándo escuchan a una persona interesada en cobrar la AUH, qué escuchan? ¿Un sujeto o un negro de mierda que tiene hijos para cobrar la AUH? Son cosas que me pregunto.
Así como sabemos que se puede estar en un lugar de distintos modos, me pregunto si esos modos no aparecen cuando esos sujetos se posicionan en el lugar del analista. Otros que también se dicen psicoanalistas, con los que compartí instituciones psicoanalíticas, en todas las que estuve siempre hubo al menos uno, nombran a otros como “negros de mierda”. Ponen en ese lugar al otro. Entonces me pregunto. ¿Ponen en el lugar de analizante a un sujeto negro de mierda? ¿Ponen a un sujeto en el lugar de analizante? ¿Se ponen ellos en el lugar de analista? Los analistas que crean instituciones psicoanalíticas como canteras de analistas, de donde salgan verdaderos analistas, y putean por las que quieren cobrar la Asignación Universal por Hijo. ¿Cuándo escuchan a una persona interesada en cobrar la AUH, qué escuchan? ¿Un sujeto o un negro de mierda que tiene hijos para cobrar la AUH? Son cosas que me pregunto.
Porque habitamos la misma tierra analistas, analizantes. ¿Queda
esa mirada al otro fuera del dispositivo analítico cuando se pone al otro en el
lugar de analizante?
Avergonzados. Jean Allouch
Avergonzados
Jean Allouch
Traducción:
Graciela Graham
El 23 de noviembre de 2003, en París, la
École Lacanienne de Psychanalyse (ELP) y la asociación Caritig (Centro de
Ayuda, de Investigación y de Información sobre la Transexualidad y la Identidad
de Género) propusieron, a los miembros de sus comunidades respectivas, una
jornada centrada sobre dos cuestiones conexas: "¿Los psi son
transfóbicos?" y "¿Lesbianas, gays, bi, trans el mismo combate?"
Fue al menos en Francia, la primera vez que se juntaron psicoanalistas y
trans en una misma sala y en una misma tribuna. Hasta entonces los
psicoanalistas hablaban de los transexuales (no haber tenido ninguna
clase de encuentro no les resultaba molesto para escribir a propósito de
ellos); esta vez: hablaron con ellos. El debate fue abierto por la reciente
traducción al francés de Sex Changes (Le mouvement
transgenre, changer de sexe, París Epel, 2003) una de
las numerosas obras de P. Califia, autor prolífico que escribió tres
colecciones de nouvelles: Macho Sluts, No Mercy. Melting
Point, firmado como Patricia Califia,
tortillera (gouine) cuir.Luego, bajo el nombre de Pat Califia: Public Sexe, una serie de
textos sobre el sexo radical, de Diesel Fuel, una colección
de poesías y de Sensous Magic, un manual S/M
para parejas aventureras y, en fin, bajo el nombre de Patrick Califia otro Sex Change. Es también
autor de una colección de artículos titulados Speaking Sex to Power (se habrá
captado que es un blanco muy accesible en Google).
Ahora bien los lacanianos, sin embargo, extensamente convocados ese día y siendo tan abiertos al otro -¿no es cierto?- (hasta el punto de admitir dos, sin dificultad) se distinguieron en la ocasión por una abstención caracterizada, que tenía todo el aire de un noli me tangere.
Por lo que a mí concierne, la pregunta se formulaba así "¿Tenía yo la legitimidad para presidir una de las dos sesiones?" Esa pregunta me venía de lejos, exactamente... de Argentina. En efecto mientras daba un seminario en Córdoba, uno de los participantes creyó poder darme en mano una fotocopia de Sex Changes. Concluí que yo era considerado susceptible, en razón de las palabras que había sostenido, de recibir ese regalo notable. Esa persona ha nacido con una malformación congénita médicamente designada como Síndrome de Rokitanski, sin cavidad vaginal y sin útero, pero con una vulva y con caracteres sexuales secundarios bien característicos. Siendo adolescente, su padre consultó a los médicos especialistas, que consultaron a su vez la opinión de una psi, que desde lo alto de su saber, zanjó: ella era una niña, y que se le sea dicho. Solamente que, he aquí que ella se sabía un muchacho -lo que fue seguido por una fuertemente dolorosa y reiterada cirugía-. Pregunta: ¿un psicoanalista está fundamentado para decretar cuál es el género (gender) de alguien? ¿De significar a alguien y a su entorno cuál es su posición en la erótica? ¿A jugar al experto? La respuesta es no y eso concierne a todos y a cada uno. Un psicoanálisis no identifica en un género, si él identifica así, no es un psicoanálisis. Dicho de otra manera: el objeto causa de deseo no se presta a ser representado.
Ahora bien los lacanianos, sin embargo, extensamente convocados ese día y siendo tan abiertos al otro -¿no es cierto?- (hasta el punto de admitir dos, sin dificultad) se distinguieron en la ocasión por una abstención caracterizada, que tenía todo el aire de un noli me tangere.
Por lo que a mí concierne, la pregunta se formulaba así "¿Tenía yo la legitimidad para presidir una de las dos sesiones?" Esa pregunta me venía de lejos, exactamente... de Argentina. En efecto mientras daba un seminario en Córdoba, uno de los participantes creyó poder darme en mano una fotocopia de Sex Changes. Concluí que yo era considerado susceptible, en razón de las palabras que había sostenido, de recibir ese regalo notable. Esa persona ha nacido con una malformación congénita médicamente designada como Síndrome de Rokitanski, sin cavidad vaginal y sin útero, pero con una vulva y con caracteres sexuales secundarios bien característicos. Siendo adolescente, su padre consultó a los médicos especialistas, que consultaron a su vez la opinión de una psi, que desde lo alto de su saber, zanjó: ella era una niña, y que se le sea dicho. Solamente que, he aquí que ella se sabía un muchacho -lo que fue seguido por una fuertemente dolorosa y reiterada cirugía-. Pregunta: ¿un psicoanalista está fundamentado para decretar cuál es el género (gender) de alguien? ¿De significar a alguien y a su entorno cuál es su posición en la erótica? ¿A jugar al experto? La respuesta es no y eso concierne a todos y a cada uno. Un psicoanálisis no identifica en un género, si él identifica así, no es un psicoanálisis. Dicho de otra manera: el objeto causa de deseo no se presta a ser representado.
Ese experto, lo preciso ahora, era lacaniano. Su
toma de partido compromete a todos y cada uno de los pertenecientes a la misma
comunidad. Testimonia que el psicoanálisis lacaniano no ha sabido sostener su
lugar respecto del transexualismo. ¿Sostener su lugar? Eso quiere decir
mantenerse radicalmente fuera de la medicina y fuera de la pastoral.
La obra de Patrick Califia pone las cosas a la
orden del día y no deja de reseñar ciertos relatos donde los psi intervienen no
menos intempestivamente que en el caso citado más arriba. Puede ser leída como
una lista de horrores cometidos por los psi. El Dr. Harry Benjamin, del que
diré más adelante a qué posición sirvió su coraje, a un herético como Lacan y
que como él rozó la interdicción de batallar contra los psi, y esto desde
1953 (Califia, ob. cit., p. 29), el año del "Discurso de Roma". Sin
embargo durante medio siglo, no hemos visto acontecer nada, pero nada. Una tal
ceguera vale como falta, pero una falta tanto más caracterizada del lado de los
lacanianos que no cesan de hacerse gárgaras con la ética. A menudo se preguntan
por qué Epel (Ediciones y Publicaciones de la École Lacanienne) publica en
Francia a Leo Bersani, Vernon Rosario, Judith Butler, David Halperin, Lynda
Hart, Mark Jordan, Jonathan Katz, Elisabeth Ladenson, Gayle Rubin, John
Winkler; por qué la revista L 'Unbevue, toma las
posiciones que se saben (o mejor dicho que no se saben). Respuesta: para que,
al fin, el movimiento lacaniano cese de ser insensible a lo que le es
contemporáneo en la erótica. El tiempo dirá qué parte de ilusión vehiculiza
semejante apuesta.
Dejo aquí a aquellos que han sufrido los daños señalados de la pastoral lacaniana, la ambigua felicidad de caracterizar como "transfóbicos" a aquellos que han cometido esos daños. Es una provisoria alegría; es cierto, devolverle al mal entendedor su horripilante medicina, de alegremente imitar al pastor médico que él habrá sido. Es entonces ahora su turno de ser diagnosticado. Pero "transfóbico" ¿qué quiere decir? Para responder prolonguemos el gesto, metámonos en la teoría en lo que ella ofrece de más plano, ella viene a indicar que ese experto fóbico no está castrado. De la castración, los transexuales, ellos conocen... Tener que soportar senos, cuando se es un FtM (female to male), un pene cuando se es MtF (male to female) es estar imaginariamente castrado. "Imaginariamente" no quiere decir que no cuenta, ¿no es cierto?
El traductor al francés de Sex Changes es FtM. El azar ha querido que uno de nuestros encuentros haya tenido lugar justo después de la operación que lo liberaba de sus senos (estaba prevista luego una vaginoplastía). Entonces me saltó a la cara, en Patrick Ythier (se trata de él) ese día una felicidad tan radiante, que no me quedó más que darme cuenta de que jamás había visto tal cosa en ningún psicoanalista lacaniano. Yo tuve entonces una vergüenza, una vergüenza de Jacques-Marie Lacan, quien recibiendo a un transexual para su presentación de enfermos, tuvo palabras que no desearía reproducir, vergüenza de mí mismo por haber tornado tan tarde la posición que aquí digo, vergüenza del movimiento freudiano. No, yo no tenía la legitimidad para presidir la primera sesión de un coloquio que reunía trans y psicoanalistas, eso estaba claro.
David Halperin cuenta esta ocurrencia: luego de haber festejado alegremente la gay-pride, los gays se encuentran y se dicen: "Bueno, ya es suficiente, ahora, es el gran tiempo de volverse vergonzosos" Ha organizado recientemente, en Ann Arbar donde enseña, un importante coloquio sobre la gay shame de la que se espera su próxima publicación.
¿Pero qué ha pasado para que hayamos llegado los psicoanalistas allí, para que los psicoanalistas se encuentren en tan desastrosa posición? La frase decisiva de Harry Benjamin se encuentra en la página 53 de la obra de Pat Califia: "¿Si por caridad o en nombre del buen sentido, no podemos modificar la convicción (de que hay error sobre el sexo) para adaptarlo al cuerpo no deberíamos, en ciertas circunstancias, modificar el cuerpo para adaptarlo a la convicción?" Que yo sepa, nadie afirma que así se encuentren resueltas todas las cuestiones planteadas por los transgéneros. Pero tampoco nadie puede dudar de que la vía así abierta ha aportado a los trans un alivio, cuya medida exacta es dada a contrario, por el grado de encierro en el cual los psi los mantienen, sobretodo llamándolos psicóticos (y eso continúa).
Según mi experiencia es felizmente rarísimo, entre los lacanianos, hacer de un analizante, cuando se habla de éste públicamente (sí, se lo hace ¿pero con qué beneficio? o ¿en provecho de quién?), el objeto de mofa o de burla general. Es, sin embargo, lo que aconteció en esa poca afortunada presentación de enfermos que evocaba más arriba. Eso debería haber alertado. Alertado ¿sobre qué? Sobre el hecho de que es toda la empresa llamada "psicopatología" la que se encuentra de este modo recusada. Todo pasó como si Jacques-Marie Lacan hubiera olvidado su ternario, y gracias a ese olvido, salió de su bolsillo la vieja "realidad", la misma que su ternario recusaba. Y las cosas siguieron su curso. ¿No fue bello, en efecto? Freud, tratándose de psicosis, había hablado de “pérdida de realidad", y he aquí alguien en quien esa pérdida de realidad aparecía de la manera más patente, alguien que, digámoslo, no quiere saber nada de la realidad de su género tal como lo determina "necesariamente" su cuerpo propio. Tenemos regocijada el alma de Freud y nuestra teoría confirmada. Se deja de lado fácilmente que en otra parte, sin que incluso lo sepamos, gracias a Dios, se pagarán los platos rotos, se pagará el precio.
La psicopatología como la psiquiatría, se funda sobre "el poder que detenta la medicina de decidir el estado de la salud mental de un individuo" (1). Ya en 1954, en su introducción a la obra de Ludwing Binswanger, Le Revue de l'existence, Michel Foucault denunciaba la propensión de los psiquiatras a "considerar la enfermedad como un proceso objetivo y al enfermo como una cosa inerte donde se desarrolla el proceso" (2). Por poco que a la luz de esos señalamientos se relean los clásicos de esas dos disciplinas y también de un buen número de textos "psicoanalíticos" se revelará hasta qué punto (y en qué punto estratégico las opiniones sostenidas) el término "proceso" e incluso "desarrollo" hacen su aparición en forma reiterada. Esto llega a veces a convertirse en un verdadero tic de lenguaje. Es como si la discusión del problema del "proceso" tratado por Lacan en su tesis (3), como si el paso de costado que fue operado entonces con relación al proceso no hubiera producido prácticamente ninguna consecuencia. Ese paso al costado debía conducir a Lacan a Freud (donde florecía sin embargo el "proceso psíquico"). El proceso es una de las cuestiones gracias a las cuales alguien se permite saber qué es la salud mental de otro. Si el psicoanálisis tiene un interés, un alcance, una incidencia, en una palabra una especificidad, no puede ser otro que el de abstenerse radicalmente de ejercer ese poder sobre el que se fundan la psiquiatría y la psicopatología Al psicoanalista se le otorga un poder que no ejerce, salvo si abandona su función de psicoanalista.
Ahora bien "el transexualismo" (aquellos que están frontalmente concernidos prefieren hoy hablar de "transgénero" -transgender,transgenderism-) ofrece al psicoanalista una irrefutable prueba de su extravío en la psicopatología. Otro "prejuicio" de esta disciplina con la que los psicoanalistas flirtean, sin incluso saber por qué, es que a cada "estructura" clínica (como se las llama) corresponde una cierta configuración libidinal, una cierta manera de posicionarse de la libido de estos individuos, así categorizados. Eso será, entonces, verdadero para los neuróticos (se enseña, castración), para los perversos (se enseña, denegación), para los psicóticos (forclusión). Y los transexuales se alojarán, con algunos matices diferentes en el caso de los psicóticos. Todo está entonces de lo mejor y en el mejor de los mundos clasificatorios. Sin-embargo aparece una objeción, ¿cuál? Consiste en el hecho de que aquel que quiere atravesar la barrera de los géneros, construida culturalmente y convertirse en lo que él/ella es, a saber un hombre, una mujer, puede desearlo con una intención muy diferente que otro que sin embargo, emprende el mismo camino. Se puede querer cambiar de sexo para al fin poder asumirse como gay (FtM), lesbiana (MtF), bi (FtM,MtF), hétero en el sentido de ser buen papá (FtM) o buena mamá (MtF). Se dice que esto ha sucedido. Dicho de otra manera, y en esto precisamente reside la objeción, en esto reside la lección que, saco de esta variedad, el cambio de sexo, tal como lo problematizan los trans, no tiene nada que ver con los emplazamientos de la libido. Por consecuencia se admitirá que el transexualismo no podrá ser en ninguna ocasión una categoría psicopatológica. Es de otra cosa que se trata. ¿De qué? Usemos la palabra: ontología, de una manera de abordar la pregunta "¿Quién soy?", o aun, según la última enseñanza de Foucault, "de tener cuidado de sí".
Dejo aquí a aquellos que han sufrido los daños señalados de la pastoral lacaniana, la ambigua felicidad de caracterizar como "transfóbicos" a aquellos que han cometido esos daños. Es una provisoria alegría; es cierto, devolverle al mal entendedor su horripilante medicina, de alegremente imitar al pastor médico que él habrá sido. Es entonces ahora su turno de ser diagnosticado. Pero "transfóbico" ¿qué quiere decir? Para responder prolonguemos el gesto, metámonos en la teoría en lo que ella ofrece de más plano, ella viene a indicar que ese experto fóbico no está castrado. De la castración, los transexuales, ellos conocen... Tener que soportar senos, cuando se es un FtM (female to male), un pene cuando se es MtF (male to female) es estar imaginariamente castrado. "Imaginariamente" no quiere decir que no cuenta, ¿no es cierto?
El traductor al francés de Sex Changes es FtM. El azar ha querido que uno de nuestros encuentros haya tenido lugar justo después de la operación que lo liberaba de sus senos (estaba prevista luego una vaginoplastía). Entonces me saltó a la cara, en Patrick Ythier (se trata de él) ese día una felicidad tan radiante, que no me quedó más que darme cuenta de que jamás había visto tal cosa en ningún psicoanalista lacaniano. Yo tuve entonces una vergüenza, una vergüenza de Jacques-Marie Lacan, quien recibiendo a un transexual para su presentación de enfermos, tuvo palabras que no desearía reproducir, vergüenza de mí mismo por haber tornado tan tarde la posición que aquí digo, vergüenza del movimiento freudiano. No, yo no tenía la legitimidad para presidir la primera sesión de un coloquio que reunía trans y psicoanalistas, eso estaba claro.
David Halperin cuenta esta ocurrencia: luego de haber festejado alegremente la gay-pride, los gays se encuentran y se dicen: "Bueno, ya es suficiente, ahora, es el gran tiempo de volverse vergonzosos" Ha organizado recientemente, en Ann Arbar donde enseña, un importante coloquio sobre la gay shame de la que se espera su próxima publicación.
¿Pero qué ha pasado para que hayamos llegado los psicoanalistas allí, para que los psicoanalistas se encuentren en tan desastrosa posición? La frase decisiva de Harry Benjamin se encuentra en la página 53 de la obra de Pat Califia: "¿Si por caridad o en nombre del buen sentido, no podemos modificar la convicción (de que hay error sobre el sexo) para adaptarlo al cuerpo no deberíamos, en ciertas circunstancias, modificar el cuerpo para adaptarlo a la convicción?" Que yo sepa, nadie afirma que así se encuentren resueltas todas las cuestiones planteadas por los transgéneros. Pero tampoco nadie puede dudar de que la vía así abierta ha aportado a los trans un alivio, cuya medida exacta es dada a contrario, por el grado de encierro en el cual los psi los mantienen, sobretodo llamándolos psicóticos (y eso continúa).
Según mi experiencia es felizmente rarísimo, entre los lacanianos, hacer de un analizante, cuando se habla de éste públicamente (sí, se lo hace ¿pero con qué beneficio? o ¿en provecho de quién?), el objeto de mofa o de burla general. Es, sin embargo, lo que aconteció en esa poca afortunada presentación de enfermos que evocaba más arriba. Eso debería haber alertado. Alertado ¿sobre qué? Sobre el hecho de que es toda la empresa llamada "psicopatología" la que se encuentra de este modo recusada. Todo pasó como si Jacques-Marie Lacan hubiera olvidado su ternario, y gracias a ese olvido, salió de su bolsillo la vieja "realidad", la misma que su ternario recusaba. Y las cosas siguieron su curso. ¿No fue bello, en efecto? Freud, tratándose de psicosis, había hablado de “pérdida de realidad", y he aquí alguien en quien esa pérdida de realidad aparecía de la manera más patente, alguien que, digámoslo, no quiere saber nada de la realidad de su género tal como lo determina "necesariamente" su cuerpo propio. Tenemos regocijada el alma de Freud y nuestra teoría confirmada. Se deja de lado fácilmente que en otra parte, sin que incluso lo sepamos, gracias a Dios, se pagarán los platos rotos, se pagará el precio.
La psicopatología como la psiquiatría, se funda sobre "el poder que detenta la medicina de decidir el estado de la salud mental de un individuo" (1). Ya en 1954, en su introducción a la obra de Ludwing Binswanger, Le Revue de l'existence, Michel Foucault denunciaba la propensión de los psiquiatras a "considerar la enfermedad como un proceso objetivo y al enfermo como una cosa inerte donde se desarrolla el proceso" (2). Por poco que a la luz de esos señalamientos se relean los clásicos de esas dos disciplinas y también de un buen número de textos "psicoanalíticos" se revelará hasta qué punto (y en qué punto estratégico las opiniones sostenidas) el término "proceso" e incluso "desarrollo" hacen su aparición en forma reiterada. Esto llega a veces a convertirse en un verdadero tic de lenguaje. Es como si la discusión del problema del "proceso" tratado por Lacan en su tesis (3), como si el paso de costado que fue operado entonces con relación al proceso no hubiera producido prácticamente ninguna consecuencia. Ese paso al costado debía conducir a Lacan a Freud (donde florecía sin embargo el "proceso psíquico"). El proceso es una de las cuestiones gracias a las cuales alguien se permite saber qué es la salud mental de otro. Si el psicoanálisis tiene un interés, un alcance, una incidencia, en una palabra una especificidad, no puede ser otro que el de abstenerse radicalmente de ejercer ese poder sobre el que se fundan la psiquiatría y la psicopatología Al psicoanalista se le otorga un poder que no ejerce, salvo si abandona su función de psicoanalista.
Ahora bien "el transexualismo" (aquellos que están frontalmente concernidos prefieren hoy hablar de "transgénero" -transgender,transgenderism-) ofrece al psicoanalista una irrefutable prueba de su extravío en la psicopatología. Otro "prejuicio" de esta disciplina con la que los psicoanalistas flirtean, sin incluso saber por qué, es que a cada "estructura" clínica (como se las llama) corresponde una cierta configuración libidinal, una cierta manera de posicionarse de la libido de estos individuos, así categorizados. Eso será, entonces, verdadero para los neuróticos (se enseña, castración), para los perversos (se enseña, denegación), para los psicóticos (forclusión). Y los transexuales se alojarán, con algunos matices diferentes en el caso de los psicóticos. Todo está entonces de lo mejor y en el mejor de los mundos clasificatorios. Sin-embargo aparece una objeción, ¿cuál? Consiste en el hecho de que aquel que quiere atravesar la barrera de los géneros, construida culturalmente y convertirse en lo que él/ella es, a saber un hombre, una mujer, puede desearlo con una intención muy diferente que otro que sin embargo, emprende el mismo camino. Se puede querer cambiar de sexo para al fin poder asumirse como gay (FtM), lesbiana (MtF), bi (FtM,MtF), hétero en el sentido de ser buen papá (FtM) o buena mamá (MtF). Se dice que esto ha sucedido. Dicho de otra manera, y en esto precisamente reside la objeción, en esto reside la lección que, saco de esta variedad, el cambio de sexo, tal como lo problematizan los trans, no tiene nada que ver con los emplazamientos de la libido. Por consecuencia se admitirá que el transexualismo no podrá ser en ninguna ocasión una categoría psicopatológica. Es de otra cosa que se trata. ¿De qué? Usemos la palabra: ontología, de una manera de abordar la pregunta "¿Quién soy?", o aun, según la última enseñanza de Foucault, "de tener cuidado de sí".
No puedo concluir mejor que dejándole la palabra a
Pat Califia, en una de sus instructivas anécdotas, que él sabe relatar
tan bien: "Romper los prejuicios es el trabajo de toda una vida.
Recientemente tuve una experiencia muy instructiva. He descubierto que una de
las damas que frecuentaba desde hace largo tiempo, era transgénero. Ese
descubrimiento, me dio pena, pues me gusta creer que mi sistema 'radar'
localiza bien tanto a los trans, como a los gays. Ella no tenía la intención de
mentirme: pensaba que yo ya lo sabía. Dado todo lo que había hecho para
informarme sobre la transexualidad, pensé que eso no haría ninguna diferencia.
Pero me encontré sorprendida (en femenino, este relato es del tiempo en que
Patrick era Patricia) al mirarla de forma diferente. De pronto sus manos me
parecían demasiado grandes, su nariz rara, ¿y qué decir de la nuez de Adán? ¿No
tenía una voz un poco grave para una mujer? ¿No era terriblemente autoritaria,
exactamente como un hombre? ¡Y, mi Dios qué peludos eran sus antebrazos! Cuando
me sorprendí pensando esto, reí aunque había un poco de tristeza en mi risa. La transfobia es
muy difícil de erradicar. El género no es solamente un problema teórico o
político. De todos los temas 'personales entonces políticos', este es el más
personal de todos. El miedo a los transexuales está en cada uno directamente
ligado al miedo a su 'yo' de sexo opuesto".
El siguiente artículo
fue publicado en el Periódico Imago Agenda. Nº 93, septiembre 2005 Pág. 3, 4 y
17.
(1) Michel Foucault "Le monde est une grand
asile", en Dits et Ecrits, Galimard, París,1994.
(2) París, Desclée de Brower, 1954. p 104. Ver también Dits et Ecrits. Debo alrecuerdo de esas dos referencias Jacques Lagranges, "Situación del curso" en Michel Foucault. El poder psiquiátrico, Curso en el Collage de France 1973-74, FCE, Buenos, Aires, 2004.
(3) Discusión que mantuve a mi turno en Marguerite, ou l'Aimée de Lacan, 2da edición, Epel, 2003.
(2) París, Desclée de Brower, 1954. p 104. Ver también Dits et Ecrits. Debo alrecuerdo de esas dos referencias Jacques Lagranges, "Situación del curso" en Michel Foucault. El poder psiquiátrico, Curso en el Collage de France 1973-74, FCE, Buenos, Aires, 2004.
(3) Discusión que mantuve a mi turno en Marguerite, ou l'Aimée de Lacan, 2da edición, Epel, 2003.
Comentarios:
- J.Allouch hace referencia a la presentación de enfermos. Ver caso Corinne, 27 de febrero de 1976.
- En relación a este artículo, Allouch remarcó: “No necesito clasificar gente” (UBA conferencia del 26-10-05) Insistió, también, en que los analistas no leíamos a Michel Foucault, tal vez porque no estaba indicado. No obstante, sugería adentrarse en la lectura del autor, puntualmente, y en esta conferencia citada, nos reenvió a “El poder psiquiátrico”
- J.Allouch hace referencia a la presentación de enfermos. Ver caso Corinne, 27 de febrero de 1976.
- En relación a este artículo, Allouch remarcó: “No necesito clasificar gente” (UBA conferencia del 26-10-05) Insistió, también, en que los analistas no leíamos a Michel Foucault, tal vez porque no estaba indicado. No obstante, sugería adentrarse en la lectura del autor, puntualmente, y en esta conferencia citada, nos reenvió a “El poder psiquiátrico”
jueves, 13 de junio de 2013
Doctorado en la UNLA
Doctorado Moreno
La comunicación que difundimos, sobre el valioso doctorado en salud mental en la Universidad Nacional de Lanús, otra de las tantas universidades nacionales que tienen niveles de excelencia del conurbano o interior del país, es una muestra de la necesidad de hacer gratuitas las mestrías y doctorados, para democratizar el acceso a la educación. Es injusto que quien no puede pagar, no tenga acceso a ponerse en contacto con la experiencia del doctorado en salud mental, que conducen Emiliano Galende y Alicia Stolkiner, espacio en el que se puede saber de la experiencia brasilera. Recuerdo en el I Encuentro Marplatense "Las personas con padecimiento psíquico en la comunidad (Salud, Justicia y Derechos Humanos)", que se llevó a cabo los días 15 y 16 de Agosto del 2008, con la coordinación general de la compañera y querida amiga María Graciela Iglesias, que tuvo la generosidad de invitarme a exponer en la misma mesa que los funcionarios, que mantuve una conversación con Emiliano Galende, respecto al doctorado o la maestría en salud mental en la UNLA, no recuerdo bien.
Hacía poco Página/12 había publicado una nota que le mandé sobre los Acompañantes Comunitarios en Salud Mental, la cual fue difundida a través de la Red Reforma Cabred, de la que formábamos parte con María Graciela, junto a otros compañeros; nota que tuve la fortuna de que llegara a Analice Palombini y me invitara a exponer en el Congreso de Acompañamiento Terapéutico que habían organizado en Porto Alegre, porque nuestros ACSM eran muy parecidos a los AT de Brasil, los cuales se diferencian sustancialmente de los AT argentinos. Quienes formábamos parte de la Reforma Cabred apoyábamos y acompañábamos el proceso de reforma del manicomio, la apertura del mismo, que se inició con la Dirección del Hospital de Leo Zavataro. Otro de los Directores del Hospital era Daniel Frenkel, valioso compañero, muy estudioso y prolijo él, sistematizo parte de la experiencia en un Plan Estratégico que hizo libro. El hijo de Daniel, Ramiro, era al que le pedía la cantidad de ciudadanos de Moreno internados en Open Door, para que desde el Municipio se buscara contactar a la familia, saber si la familia sabía dónde estaba la persona, si tenía dónde vivir. Esa decisión de la Dirección de Salud Mental fue muy importante, porque permite la articulación con profesionales del trabajo social, y sería buenísimo que hubiera más trabajadorxs sociales en salud mental. Si no recuerdo mal, la querida compañera Bibiana Vázquez también era Directora del Hospital, y aunque administrativamente no lo fuera, sabíamos que era parte de la dirección. Hacia donde el Cabred se conducía era en la misma dirección que Bibi. Fue también la mujer y compañera de Daniel. Bibi formó parte de la creación de lo que terminó siendo la Dirección de Salud Mental de Moreno. Roberto Gutman siempre se rodeo de mujeres muy inteligentes y respetuosas de la práctica analítica. Lo fue también la también querida y también extrañada Adriana Labruschini, de quien tanto hemos aprendido.
Durante esa gestión, de la que era parte Bibiana, que conocía muy bien el trabajo en atención primaria en el conurbano bonaerense, y particularmente en Moreno, se realiza un acuerdo entre el Hospital Cabred, famoso Open Door, por el sistema de puertas abiertas por el que se hizo famoso el manicomio, junto con los Municipios de Moreno y Morón. El acuerdo establecía la creación de casas para personas a externar del manicomio. Los efectos de ese acuerdo, fueron un aprendizaje extraordinario, por la cantidad de nuevas problemáticas que nos presentó en los municipios. Como en tantos otros municipios, hubo un momento en que el Municipio no ofrecía asistencia psiquiátrica, los vecinos de Moreno que precisaban atención psiquiátrica debía dirigirse al Hospital Provincial "Luciano y Mariano de la Vega". Como en cualquier hospital, después del mediodía no encontrás un médico de planta, había dos psiquiatras, uno decía atender sólo adultos el otro sólo niños, razón por la que la cola de turnos arrancaba a las cuatro de la mañana. Razón por la que el vecino de Moreno que había sido internado en Open Door, después de que le daban el alta, debía seguir el tratamiento medicamentoso por consultorios externos en Open Door, a 30km de Moreno, por lo que la mayoría lo abandonaba.
El acuerdo con Moreno y Morón implicaba que Open Door enviaba a los municipios psiquiatra con medicación, les parecerá a mucho lo más correcto, pero sabemos que es difícil conseguir lo correcto muchas veces, Open Door se comprometía a garantizar psiquiatra y medicación a los externados de Open Door. Todo externado es alguien que estuvo internado, independientemente del tiempo, aunque mayoritariamente utilizamos el término externados para quienes pasan excesivo tiempo en el manicomio. En la casa vivían cuatro compañeros, algunosestuvieron quince años internados, y se atendía además 120 personas que habían estado internadas en Open Door. Lo que el Municipio no podía hacer, era garantizar atención psiquiátrica solamente a 120 vecinos de Moreno, de los 500.000 que hay. Eso posibilitó que durante la gestión de Roberto Gutman al frente de la Dirección de Salud Mental, el Municipio de Moreno comenzó a comprar medicación psiquiátrica, a contratar psiquiatras.
Quienes trabajamos en salud mental sabemos que muchas veces la derivación de una persona a psiquiatría, se debe a la angustia que le genera al profesional. Por esta razón, conscientes de que la demanda a la dos psiquiatras que atendían era altísima, más las personas que iban directamente a pedir atención psiquiátrica, sin solicitar asistencia psicológica; de las conversaciones entre un grupo de compañeros, entre los que también estaba Roberto, surgió la idea de que las admisiones las realizaba un profesional de la psicología, lo que al final la Dirección implementó. Nadie recibía asistencia psiquiátrica antes de una entrevista psicológica. Y como sabíamos que algunos de nuestros compañeros, como todos nosotros, alguna vez se angustiaron con lo que escucharon, y por eso decidieron derivar, se implementó la misma metodología, una evaluación de la derivación. Cuando vimos que la derivación aumentaba, una compañera se encargaba de hacer una entrevista con la persona derivada y ella consideraba si estaba para atención psiquiátrica, si consideraba que no, lo conversaba con la colega. Las conversaciones que teníamos con Roberto, Martín Taramasco, Verónica Pontecorvo, Graciela Ocio, Silvia Vidal, Marcela Costa, Sabrina Grella, Adriana Lambruschini, en el Bar del Hospital, eran maravillosas, todos analistas pensando qué hacer con los problemas que la situación nueva planteaba, situaciones que ponían en cuestión la moral conservadora, y contamos con la posibilidad de crear respuestas con la comunidad, gracias al espacio que propició Gutman desde el inicio. Aprendimos mucho del trabajo de nuestras compañeras administrativas, de la importancia en la calidez del trato en la adherencia al tratamiento. Las reinternaciones de esos 120 pacientes bajaron a un 5%. Esos datos los obtuvimos a partir de una investigación que surgió de una conversación entre Feldman, psiquiatra de Moreno, y Martín Taramasco. Martín en el equipo de coordinación de los ACSM compartió la idea, le metimos para adelante, diseñando la herramienta de medición, y contamos con al colaboración de dos de los residentes, Pablo Parnes y Griselda Gallino. Después ellos presentarían la investigación en unas jornadas, la cual fue muy valorada.
Pero volviendo a la conversación que mantuve con Galende, allá en el 2008, sobre el doctorado o la maestría, no recuerdo bien, en salud mental comunitaria de la UNLA, sucedió de la siguiente manera: María Graciela Iglesias es una gran mujer, sensible, creativa, con una inteligencia excepcional, una militante muy valiosa, que su locura la llevó a invitarme a participar de esas jornadas. Compartimos un almuerzo, le pregunté si tenían beca para la maestría, me respondió que no, le pregunté el precio, en ese momento costaban 600 pesos de matrícula y 450 pesos por mes, a mi Moreno me pagaba 1400 pesos y pagaba un alquiler. Recuerdo que le pregunté cómo hacíamos los que sí laburábamos en salud mental comunitaria para poder cursarlo, porque era claro que a nosotros nos serviría. Espero que hoy haya becas para los que como yo, no lo pueden pagar.
----- Mensaje reenviado -----
De: difusión información <programaatencioncomunitaria@ gmail.com>
Para: yagodinella@yahoo.com.ar
Enviado: miércoles, 12 de junio de 2013 21:03
Asunto: Fwd: Doctorado Internacional en Salud Mental Comunitaria
De: difusión información <programaatencioncomunitaria@
Para: yagodinella@yahoo.com.ar
Enviado: miércoles, 12 de junio de 2013 21:03
Asunto: Fwd: Doctorado Internacional en Salud Mental Comunitaria
POR FAVOR DIFUNDIR
Universidad Nacional de Lanús
DOCTORADO INTERNACIONAL EN SALUD MENTAL COMUNITARIA
Director: Dr. Emiliano Galende
Inscripciones – 5ta Cohorte
Abiertas hasta el 30 de Junio de 2013
q Objetivos
Los procesos de reforma de la atención psiquiátrica en los países de América Latina, y la necesidad de desarrollar redes de servicios comunitarios de Salud Mental capaces de asumir la atención de la enfermedad mental, la prevención y la promoción de la salud, han planteado la necesidad de la formación de recursos profesionales acordes con los principios básicos de dicha reforma: el desarrollo de estudios epidemiológicos, la adquisición de capacidades para la planificación estratégica de servicios comunitarios, el diseño y la gestión de programas para la prevención y asistencia, el trabajo en equipos interdisciplinarios, el desarrollo de practicas de cuidados que incorporen a la comunidad, las familias y los mismos usuarios en los procesos de atención.
La concreción de la reforma de la atención psiquiátrica y la creación, gestión y evaluación de servicios comunitarios como alternativa a la atención tradicional en los hospitales psiquiátricos, dependerá en gran parte de contar con investigaciones rigurosas y profesionales capacitados y comprometidos con tales objetivos. Concordante con estos objetivos se hace necesario desarrollar en el mayor nivel académico la formación de docentes e investigadores en salud mental comunitaria que, además de la gestión técnica de programas y servicios, colaboren en las universidades para orientar los programas de las carreras de grado hacia estos nuevos criterios de atención de la salud mental
q Requisitos de Ingreso
El Programa esta dirigido a Licenciados en Psicología, Medicina, Enfermería, Trabajo Social, Psicopedagogía, Sociología, Abogacia y Antropología egresados de Universidades argentinas o extranjeras acreditadas, además de los egresados de las Universidades miembro de la Red MARISTAN con tres (3) años, como mínimo, desde el momento de egreso de la carrera de grado. En todos los casos la Comisión de Doctorado evaluará los antecedentes del candidato y su propuesta de tema de Tesis doctoral, a fin de determinar si se ajustan a los objetivos del Programa.
Ø Aranceles
Una matrícula de $1000 y 15 cuotas mensuales y consecutivas de $1000 cada una
Ø Postulación y documentación a presentar para la admisión
1. Carta de intención dirigida al Director del Doctorado solicitando la admisión al Programa.
2. Currículum vitae actualizado.
3. Plan de Tesis, de acuerdo al Art. 6.2 del Reglamento de la Carrera. Más información en: www.unla.edu.ar
4. Entrevista personal con el Director del Doctorado
Se adjunta Programa.
Informes e Inscripción: (54-11) 5533-5600 Interno: 5124
Tel. Directo: (54-11) 5533-5622
E-Mail: egalende@unla.edu.ar / vbosio@unla.edu.ar
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